miércoles, 2 de junio de 2010

El rescate silencioso


Cuando nos dicen la palabra Bombero, nos imaginamos una persona con un vestuario protector y apagando un incendio, pero al conocer su trabajo, hablar con ellos y preguntarles cosas de su vida personal, laboral y social, me doy cuenta de muchas cosas que ignoraba por completo y que de seguro muchos lo hacen también.


Según la Real Academia Española bombero es el “Operario encargado de extinguir los incendios”1 , pero, estas personas no solamente apagan incendios (forestales o estructurales), también tratan primeros auxilios, derrumbes o deslizamientos; accidentes de tránsito, rescates acuáticos, inundaciones, incluso animales en peligro; es decir, si un animalito (perro, gato, ave…) se queda atrapado o atorado en alguna parte, estas personas lo salvan, pues su trabajo, es proteger vidas, no sólo, humanas, eso sí, también rescatan las pertenencias materiales.


En el ámbito animal me sentí de pronto “tonta”, al preguntarle a Walter Pulgarín si también salvaban esas vidas, pues para mí por lo menos no era muy común, me lo imaginaba más bien como “película”, pero no, me dejó muy claro que esas vidas también las salvan; de hecho, me contó varias de sus historias con ellos: “no falta la persona que llama a decir que se le quedó el gato arriba en el árbol, incluso las aves, de cualquier clase (pericos, canarios, loros…); incluso, gallinazos atascados en árboles gigantes.


Con los perritos también, cuando se atoran o se van a los caños. “Que se meten y se quedan encerrados; cuando nos avisan de culebras, así en los solares de las casas, luego se entregan a sus respectivos dueños y los que son “callejeros” se llevan al zoológico o a protección de animales”. También han rescatado águilas, búhos y demás animales.


Walter, de quien les hablo, es un bombero que ejerce hace 27 años y tuve la oportunidad de platicar con él. Es bombero de la compañía B, de tres que en realidad son (A, B, C); vive en el barrio el Pedregal, Noroccidente de la ciudad, con su familia, su esposa y su hijo de 21 años. Estos bomberos trabajan 12 horas por 24 de descanso. Una de las causas fundamentales para Walter encaminarse a este oficio es porque su padre también perteneció a él.


Su vida social es muy deportiva. “Hago parte de las directivas de dos equipos de fútbol del barrio; entonces, me mantengo muy activo con eso, con el deporte. Tengo que estar pendiente de ellos, actualizándome mucho de fútbol y saber cómo actuar como técnico de los equipos”. Estos son uno de microfútbol, “de un torneo muy bueno con una técnica muy alta.” Y el otro de fútbol, “que ya es en otras canchas ‘La Tinajita’ y ya es un personal más adulto, de 40 hacia arriba”.

Me pregunté y de hecho también se lo pregunté a Walter, si tendría problemas familiares por la aproximación del mundial de futbol, pero como buen aficionado dijo que no. “No le veo problema al mundial”, su familia se une a él (su hijo en especial) y que en su trabajo no tendría inconvenientes, pues un partido es por la mañana y; el otro, por la tarde, así que su tiempo ya estaba calculado.


Walter cuenta que una de sus experiencias más satisfactorias ocurrió cuando lo llamaron porque un niño se iba a tirar de un tercer piso. “Estaba en el bordito pa’ tirarse y, afortunadamente, con muchas ganas y controlando el caso debidamente como era, salvamos al niño, nos aceptó todo lo que le íbamos diciendo y, gracias a Dios, le echamos manito”.


Eso no fue todo, cualquiera pensaría que su trabajo termina ahí, pero no, esto se fue más allá de lo profesional. Poco después, los bomberos fueron a visitarlo para saber cómo estaba. No es exigencia que ellos hagan esto, pero igual se interesan por la recuperación de la persona.


Walter también recuerda la muerte de algunos bomberos. Uno de ellos murió por un deslizamiento, en el rescate de unas personas por la carretera a Santa Elena, en Media Luna. Este deslizamiento taponó varias viviendas y hubo muchos muertos. Cuando el bombero intentó rescatar algunas personas se vino otro derrumbe sobre ellos y ahí murió.


El Cuerpo Metropolitano de Bomberos de Medellín, sumando las estaciones, cuenta con 180 personas, incluyendo las siete sedes, ubicadas en diferentes zonas de la ciudad: (Central Escuela, Guayabal CB1; junto a la Policía, en el río Medellín, Libertadores CB2; al frente del Batallón Bomboná, Buenos Aires CB3; Campo Valdez, CB4; junto a la Terminal del Norte, CB5; barrió 12 de Octubre, CB6; Santa Lucia, CB7).


Su uniforme o equipaje, que previene enfermedades, contagios y quemaduras está conformado por un chaquetón -que se ve encima, brinda refuerzo y protección adicional a las quemaduras-, una monja -capucha profesional con protección de cara completa-, tirantes, cargaderas -sostienen los pantalones-, los guantes, resguardo de las manos, un casco, el pantalón y las botas, más un sistema de respiración autónomo, una avanzada protección en un aparato de respiración2.

Me tomé el trabajo de preguntarles a otras personas diferentes a este oficio, qué conocen de los bomberos y qué les parece este trabajo. Sus respuestas fueron muy diferentes, pero eso sí, llegan a la misma conclusión: excelente la labor que ofrecen.

Manuela Peláez dice que “es una profesión relativamente necesaria, pues no solo sirve para apagar incendios por decirlo así sino para otras emergencias. Soy una de las muchas personas que han ayudado y estoy satisfecha con su trabajo”.


Andrés Felipe Loaiza dice que “se sacrifican mucho y no reciben reconocimiento público. Creo que son unos héroes que no se les reconoce, además, considero que es silencioso pero muy eficaz”.


Laura Piedrahita dice que “si me hicieran esta pregunta antes de hacerle la entrevista a este señor, yo hubiera contestado que hacen una buena labor, pero al igual que muchos, sólo tengo un mínimo de conocimiento sobre este trabajo. Al principio lo dije: ‘muchos pensarán que sólo se limitan a apagar incendios’ y no. En este momento y, a partir de ahora, sé cómo trabajan, todo lo que deben saber y aprender, cuáles son sus riesgos, cada cuanto se capacitan para mejorar su desempeño laboral y, lo más importante, cómo salvan nuestras vidas a diario, dándonos su apoyo y su mejor obra, esta profesión”.




1)http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=bombero
2)http://www.aprinsa.com/catalseguridadind.pdf

Caminando por el Pasaje Peatonal Carabobo

En la tarde del 9 de abril, nos encontrábamos al frente de los edificios de La Alpujarra, en el centro de Medellín, con destino al pasaje peatonal Carabobo, antes conocido como “El Carretero” , aunque se dice que es el lugar que más nombres ha tenido, pues también se llamó “Moravia, Calle de los popo, Camellón del cementerio, Camellón de las pisas, Paseo Benjamín Herrera, La Rambla, La luneta, La Aduana y La Aduana II, Camellón de Guayaquil, La Bayadera y Camino de Bermejal.”1 Pero su nombre actual (Carabobo) es un homenaje a la fecha de las batallas que terminaron con la liberación de Venezuela.

Este pasaje peatonal fue reestructurado e inaugurado el 27 de octubre de 2005, denominado pasaje urbano Carabobo. Adornado con lámparas, árboles y sillas sobre una superficie de pavimento fino y amplios espacios, lo cual lo convierte en un lugar para beneficio de los peatones de la ciudad. También se cuenta con las antiguas edificaciones, que estaban descuidadas y que ahora con su remodelación son construcciones cuya arquitectura vuelve a imponerse como cuando fueron fundadas.

Caminando por estas calles, vimos lugares muy agradables. Decidimos entrar a algunos de ellos para conocer la historia de sus locales y de la zona. Estos son los lugares en los cuales encontramos personas con años de trabajo: Café Palasino Buffet, en el edificio Vásquez (una de las sedes de la caja de compensación familiar Comfama); Artículos para hombres en el edificio Victoria; Variedades Malibú, en Carabobo con la Alambra; Herrajes Antioquia, en Guayaquil; y Bocados de Colombia, en el Palacio Nacional.

Leidy Castaño, que trabaja en el Café Palasino Buffet hace 2 años y medio desde el comienzo del local, cuenta que está ubicado en el edificio Vásquez, el cual es un monumento de la ciudad donde antes quedaba la Plaza de Cisneros y una estación del ferrocarril. Una de sus anécdotas es que “un señor compró una torta de pescado. Aquí, obviamente, todo hay que traerlo diario. Aquí no fabricamos, todo se trae ya hecho, todo es fresco y viene Sanidad seguido. Al señor no le gustó la torta de pescado y le dijo que se la cambiara por algo. No la puedo cambiar, a menos de que tenga un pelo o algún ‘defecto’, pero si no le gustó yo no se la puedo cambiar. El señor se enojó y yo le dije: si voy a un restaurante y algo no me gusta, pues no me lo como, ¡qué más se va hacer!, pero dígame qué tiene de malo. Él dijo que no le gustó y yo le respondí que lo sentía, pero no la puedo cambiar porque o si no me toca pagarla. Él pago y se fue bravo”.

Otra de las historias con la que nos encontramos fue con la del señor Walter Andrés Angulo, que trabaja por el sector del hueco, palacio nacional en el local Bocados de Colombia. Según el señor Walter, Carabobo era un sitio en el que los viejitos se entretenían y cambió para ser demasiado comercial. Ya no transitan vehículos, solo peatones. En este local se venden buñuelos, empanadas, arepas de queso, de chócolo “de todo mejor dicho”. Su anécdota más “tremenda”: “fue cuando las personas hicieron manifestaciones, cuando no los dejan trabajar los de espacio público, que eso se cogen y se tiran piedras. También muchos ‘caperos (ladrones)’ eso es lo que más se ve aquí, sin embargo, el ambiente es bueno. Siempre todo el mundo se colabora mucho, a pesar, que la situación es brava”.

En este pasaje comercial se ven muchas historias, aquí sólo hemos contado parte de dos de ellas. Sin embargo, es mucho lo que se conoce y se aprende de estas personas, hablando con ellas y haciendo un contraste de cómo es su trabajo desde la nueva arquitectura y lo que fue en el viejo
Carabobo.

Pararse en la tarde o en la noche (entre las 6 y 7) en Ayacucho con Carabobo y mirar hacia el fondo de los edificios de la alpujarra de Medellín es un espectáculo, se ve éste pasaje con sus iluminaciones, con sus árboles. Es un juego de luces y de colores que contrastan con el cielo, que incitan a tomarse un buen café y tener una buena conversación con amigos en uno de los senderos. Es una invitación para que conozcamos las nuevas estructuras que nuestra ciudad nos ofrece.

Por:

Daniela Arbelaez

Laura Piedrahita


1) http://www.paisas.info/index.php?option=com_content&task=view&id=20&Itemid=1